2019 · libro/objeto | as palavras/las palabras

Libro de artista · as palavras - las palabrasTexto José Saramago · box

fotos Laura Martínez Lombardías

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Los objetos son el reflejo material de los aspectos conceptuales sobre los que reflexiono en mi obra. Por tanto, este libro forma parte del conjunto crucial de trabajos que representan mis ideas.
Establecido el concepto de libro como objeto; elegida la palabra como contenido del libro; seleccionadas las técnicas tradicionales para construir el mensaje impreso; he volcado el texto ‘as palavras’, de José Saramago en su centro. Las palabras de Saramago enuncian con maestría los argumentos que me motivan: los opuestos, desde la palabra llena, al silencio, al vacío, a la ausencia que se vuelve presencia. De todo lo que sucede y de tanto que es – se confunden en este juego de transparencias – ya nada se percibe. Según Saramago: ‘[…] cada palabra es dicha para que no se oiga otra. […] La palabra no responde ni pregunta: hace masa.’

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DATOS TÉCNICOS

Creación y elaboración por Saskia Moro

Este libro/objeto acabó de imprimirse en el taller Manolo Gordillo en el verano de 2019

Serigrafía sobre vidrio al ácido y estampa digital sobre papel japonés de 12 gr/m2.

Edición de 17 ejemplares numerados y firmados más 1 prueba de artista, 1 prueba de taller y 1 prueba H.C.

Editado por

Fundação José Saramago

y

La Factoría de Papel

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TEXTO USADO EN ESTE LIBRO-OBJETO:

LAS PALABRAS

Las palabras son buenas. Las palabras son malas. Las palabras ofenden. Las palabras piden disculpa. Las palabras queman. Las palabras acarician. Las palabras son dadas, cambiadas, ofrecidas, vendidas e inventadas. Las palabras están ausentes. Algunas palabras nos absorben, no nos abandonan: son como garrapatas: vienen en los libros, en los periódicos, en los anuncios, en los letreros de las películas, en las cartas y en los carteles. Las palabras aconsejan, sugieren, insinúan, ordenan, imponen, segregan, eliminan. Son melifluas o ácidas. El mundo gira sobre palabras lubrificadas con aceite de paciencia. Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz con sus contrarias y enemigas. Por eso las personas hacen lo contrario de lo que piensan, creyendo pensar lo que hacen. Hay muchas palabras.

 

Y están los discursos, que son palabras apoyadas unas en otras, en equilibrio inestable gracias a una precaria sintaxis, hasta el broche final del «Dije» o «He dicho». Con discursos se conmemora, se inaugura, se abren y cierran sesiones, se lanzan cortinas de humo o disponen guirnaldas de terciopelo. Son brindis, oraciones, parloteos y conferencias. Por los discursos se transmiten loores, agradecimientos, programas y fantasías. Y después las palabras de los discursos aparecen tendidas en papeles, son pintadas con tinta de imprenta ―y por esa vía entran en la inmortalidad del Verbo. Al lado de Sócrates, el presidente de la junta fija el discurso que abre la llave del surtidor. Y las palabras manan, tan fluidas como el «precioso liquido». Escurren interminablemente, inundan el suelo, llegan hasta las rodillas o la cintura, a los hombros, al cuello. Es el diluvio universal, un coro desafinado que brota de millones de bocas. La tierra sigue su camino envuelta en un clamor de locos, a gritos, a aullidos, envuelta también en un murmullo manso, contenido y conciliador. Hay de todo en el orfeón: tenores y tenorinos, bajos, sopranos de do de pecho fácil, barítonos hinchados, contraltos de falsete. En los intervalos se oye el punto. Y todo esto aturde a las estrellas y perturba las comunicaciones como las tempestades solares.

 

Porque las palabras han dejado de comunicar. Cada palabra es dicha para que no se oiga otra palabra. La palabra, incluso cuando no afirma, se afirma. La palabra no responde ni pregunta: hace masa. La palabra es la hierba fresca y verde que cubre los ribazos del pantano. La palabra es polvo en los ojos y ojos limpios. La palabra no muestra. La palabra disfraza.

 

De ahí que sea urgente mondar las palabras para que la semilla se mude en cosecha. De ahí que las palabras sean instrumento de muerte ―o de salvación. De ahí que la palabra sólo valga lo que vale el silencio del acto.

 

Está también el silencio. El silencio, por definición, es lo que no se oye. El silencio escucha, examina, observa, pesa y analiza. El silencio es fecundo. El silencio es la tierra negra y fértil, el humus del ser, la melodía callada bajo la luz solar. Caen sobre él las palabras. Todas las palabras. Las palabras buenas y las malas. El trigo y la cizaña. Pero sólo el trigo da pan.

José Saramago

 

PIEDRA DE LUNA (59 poemas y un madrigal) Ed. de Guante Blanco / Comares – Granada 1999
Traducción de Fidel Villar Ribot

 

 

TEXTO ORIGINAL

AS PALAVRAS

As palavras são boas. As palavras são más. As palavras ofendem. As palavras pedem desculpa. As palavras queimam. As palavras acariciam. As palavras são dadas, trocadas, oferecidas, vendidas e inventadas. As palavras estão ausentes. Algumas palavras sugamnos, não nos largam: são como carraças: vêm nos livros, nos jornais, nos slogans publicitários, nas legendas dos filmes, nas cartas e nos cartazes. As palavras aconselham, sugerem, insinuam, ordenam, impõem, segregam, eliminam. São melífluas ou azedas. O mundo gira sobre palavras lubrificadas com óleo de paciência. Os cérebros estão cheios de palavras que vivem em boa paz com as suas contrárias e inimigas. Por isso as pessoas fazem o contrário do que pensam, julgando pensar o que fazem. Há muitas palavras.

 

E há os discursos, que são palavras encostadas umas às outras, em equilíbrio instável graças a uma precária sintaxe, até ao prego final do ‘disse’ ou ‘tenho dito’. Com discursos se comemora, se inaugura, se abrem e fecham sessões, se lançam cortinas de fumo ou dispõem bambinelas de veludo. São brindes, orações, palestras e conferências. Pelos discursos se transmitem louvores, agradecimentos, programas e fantasias. E depois as palavras dos discursos aparecem deitadas em papéis, são pintadas de tinta de impressão – e por essa via entram na imortalidade do Verbo. Ao lado de Sócrates, o presidente da junta afixa o discurso que abriu a torneira do marco fontanário. E as palavras escorrem, tão fluidas como o «precioso líquido». Escorrem interminavelmente, alagam o chão, sobem aos joelhos, chegam à cintura, aos ombros, ao pescoço. É o dilúvio universal, um coro desafinado que jorra de milhões de bocas. A terra segue o seu caminho envolta num clamor de loucos, aos gritos, aos uivos, envolta também num murmúrio manso, represo e conciliador. Há de tudo no orfeão: tenores e tenorinos, baixos cantantes, sopranos de dó de peito fácil, barítonos enchumaçados, contraltos de voz-surpresa. Nos intervalos, ouve-se o ponto. E tudo isto atordoa as estrelas e perturba as comunicações, como as tempestades solares.

Porque as palavras deixaram de comunicar. Cada palavra é dita para que se não oiça outra palavra. A palavra, mesmo quando não afirma, afirma-se. A palavra não responde nem pergunta: amassa. A palavra é a erva fresca e verde que cobre os dentes do pântano. A palavra é poeira nos olhos e olhos furados. A palavra não mostra. A palavra disfarça.

Daí que seja urgente mondar as palavras para que a sementeira se mude em seara. Daí que as palavras sejam instrumento de morte – ou de salvação. Daí que a palavra só valha o que valer o silêncio do ato.

Há também o silêncio. O silêncio, por definição, é o que não se ouve. O silêncio escuta, examina, observa, pesa e analisa. O silêncio é fecundo. O silêncio é a terra negra e fértil, o húmus do ser, a melodia calada sob a luz solar. Caem sobre ele as palavras. Todas as palavras. As palavras boas e as más. O trigo e o joio. Mas só o trigo dá pão.

José Saramago

 

Agradezco a Pilar del Rio y Sérgio Machado Letria ― presidenta y director de la Fundação José Saramago ― por el texto cedido, apoyo y colaboración en este libro de artista.

PRESENTACIÓN PBI | por LUIS MARTOS

monotipos · pinturas · objetos | desde 2001

Algo hemos hecho bien para que este proyecto que en su día denominamos ‘Colección privada’ cumpla ahora dos años. Nuestro agradecimiento a PBI, por la promoción y generosidad con que han apoyado esta iniciativa.

Me sigue pareciendo que la actitud del coleccionista es la que mejor cuadra con el proyecto, porque el coleccionismo no es fruto del primer impulso, ni de la manía por acumular, sino del aprendizaje y la confianza gradual en el gusto de uno mismo. Como toda pasión, el coleccionismo bordea el caos y en el caso del arte, el coleccionista bordea, como decía Benjamin, ‘el caos de los recuerdos’.

Hay que agradecer también el esmero con que se ha preparado esta exposición -“Estelas”- que encierra efectivamente rastros muy visibles del trabajo y la expresividad de ambos artistas.

En el caso de Saskia Moro, la selección de las obras que abarca los últimos veinte años, tiene el acierto de poner de manifiesto que el registro esencial de su trabajo no estriba tanto en la complejidad técnica como en la capacidad para abrir los sentidos y dejar fluir las percepciones estéticas.

Con la perspectiva del tiempo, todas estas obras muestran la matriz de la que brotan: el grabado. Es a partir del arte del grabado, en todas las modalidades de la estampación, como Saskia ha generado su propio universo plástico, tan expresivo como reconocible, incluida la heterogeneidad de géneros, soportes y materiales en los que se expresa.

Si generar el propio universo plástico significa para un artista alcanzar la plenitud, es cierto también que ‘toda obra de arte es hija de su tiempo’, como lacónicamente escribía Kandinsky en el umbral de su breve tratado del arte moderno (De lo espiritual en el arte, 1912), al tiempo que pintaba sus primeras obras no figurativas

Cabe preguntarse entonces: ¿dónde estamos hoy?, ¿en qué tiempos plásticos nos movemos? No vamos a resolver esta cuestión esta tarde -obviamente- pero no voy a esquivar una respuesta en el caso singular de esta exposición.

Mi respuesta es que el universo plástico de Saskia se desenvuelve entre el binomio clásico de ‘lo lineal y lo pictórico’ y el binomio moderno de ‘la abstracción líquida y la materia’. El primero, lo ‘lineal vs pictórico’ (en el que muchos de uds. ya han reconocido los conceptos de Wölfflin) describe con claridad la modulación del ‘espacio’ mediante los planos, la superficie y la profundidad, la luz y el color.

El segundo binomio que hemos denominado -‘abstracción líquida vs materia’- es algo más complejo y lo aplicamos para describir las intensidades y materias que aparecen en el proceso de estas obras desde la ‘abstracción líquida’ de los comienzos. Nos atrevemos a definir este proceso como la modulación del ‘tiempo’, porque ‘un pintor nunca ha pintado otra cosa que el espacio y quizás también el tiempo’.

Esta afirmación tan lacónica y determinante, no es mía, se la tomo prestada a las lecciones que impartió Deleuze sobre la pintura en 1981 (siguiendo por cierto el ejemplo de Wölfflin) y que marcaron una estela en la crítica de arte. Porque la intuición de que el pintor no haya pintado otra cosa que el ‘espacio-tiempo’ es una intuición profunda que ilumina muchas claves de la historia de la pintura, desde Rembrandt a Bacon.

Ahora bien, el tiempo ‘pictórico’ es menos óptico, mucho menos táctil y más intangible que el espacio, ¿cómo se entrelazan entonces espacio y tiempo en el cuadro?, ¿dónde encontramos las estelas del tiempo en la pintura? De nuevo la respuesta es solo para este caso singular y ninguna otra mejor referencia de las señales del tiempo en su obra que estas palabras de la artista: ‘Mis trabajos se centran en la temática del espacio en relación con el tiempo, por lo que enlaza con materias para representarlo como el agua, el paisaje, la memoria, la ausencia, el horizonte, la frontera y … el juego’. (Saskia Moro, bio Exposición ‘Estelas’, mayo 2019).

Luis Martos