1997 · David de Almeida

Textos para el catálogo de la exposición de grabado en la Galería Ara · Lisboa

 

EN LAS PAREDES DEL PAISAJE

Los primeros años de los ochenta marcaron el principio de la crisis del grabado en Portugal. La 'Cooperativa de Grabadores' devastada por intereses que nada tenían que ver con el propio grabado, fueron perjudicando el trabajo de taller de los que quisiesen practicar el oficio, y permitió abrir las puertas a través de las cuales entró otra especie de múltiple también designado grabado, pero que, en realidad, no era más que reproducción, por procesos fotomecánicos, de dibujos, de pinturas y incluso de esculturas(!) – este múltiple invadió los hogares de los pequeños coleccionistas, confiados, de buena fe, de estar empezando una colección de obra gráfica original, cuando estaban, en realidad, adquiriendo reproducciones de obras de arte, esta situación tiene su procedimiento legal en los países donde existe una legislación en vigor al respecto. Pero para nosotros, por el momento, todo se reduce a una cuestión ética.

El proceso de reproducción habitual fue la serigrafía, para dar más prestigio a la pieza en cuestión, ya que es en sí misma – como la litografía, el grabado o incluso hasta el offset – una técnica utilizada en la producción de la obra gráfica original. Por otra parte, como permite la copia de piezas para reproducir a través de medios fotográficos, se hizo la más rentable para el editor, y también podría utilizar el offset, si así se lo desease, sin quitar valor a la reproducción.

A finales de los ochenta, los practicantes del grabado son pocos y se encuentran dispersos, hay algunos talleres claramente insuficientes, ya sea para la práctica del oficio, ya sea para el desarrollo de un Arte y una técnica que requiere una investigación permanente, debido a que la ejecución de la obra gráfica debe estar en continua evolución y la técnica debe dominarse hasta el punto de llevar a cabo la idea lo suficientemente rápido, para que esta no se quede dormida, de cansancio, por no llegar a concretizarse.

En la década de los noventa, consta que las personas con responsabilidades en la materia llaman serigrafías a los grabados que están haciendo. O sea que . la proliferación del producto-reproducción-serigrafía hace que en un País con algunas tradiciones seculares en el arte del grabado, se encuentre en pañales en cuanto a la definición de la obra gráfica.

En España se convocan, regularmente, bienales en su mayoría en ciudades provinciales, provocando la aparición de nuevos valores, que no se limita a los grupos protegidos por tal o cual criterio, estos se dan a conocer en los circuitos nacionales y, posteriormente, en el internacional, y además el propio mercado está pendiente de estas nuevas revelaciones.

Saskia Moro vive, desde hace algunos años, en Madrid. Su obra refleja la frescura que uno adquiere cuando se es, cuando se vive y cuando respira naturalmente, sin justificaciones para nadie por el hecho de ser artista, sólo por ser grabadora en el momento que se hace grabado. Superó hace mucho la frontera del grabado clásico, entrando en la etapa de los americanos llaman renacimiento de obra gráfica, por métodos que permiten no sólo la combinación de varias técnicas, así como el uso de materiales, como resinas, de secado rápido e indiscutible resistencia. Orientada hacia la naturaleza, su obra es el resultado de un largo diálogar con los cuadernos donde registra las emociones o la contemplación de las cajas y tubos, donde guarda piedras y algas, conchas y aguas, recogidos en sus frecuentes incursiones por el campo, por la montaña, y la playa. Sus grabados abren ventanas, o mejor dicho: cierran ventanas para liberar el paisaje que ocupa todo el espacio a su alrededor. Porque sus ventanas están abiertas al éter del paisaje. O en sus paredes.

Su trabajo es fluido, como si la materia dura que es la matriz, se volviese, por arte de magia, dúctil, y después líquida, convirtiéndose en agua, que al vertirse por la plancha, se convierte en una de las playas donde arriban los barcos del viaje que ha sido su vida.

 

David de Almeida

Alcainça, 19 de diciembre de 1996

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